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Algunos lugares son obtenidos debido a la relación entre instituciones argentinas y peruanas
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Miles de niños argentinos, hijos de peruanos, viven en "Casas tomadas"
César Carbajal
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Problemas Sociales
¿Negar la realidad o hacerse responsable?
"Casas tomadas" en la Ciudad de Buenos Aires
Por Manuel Macchiavello | Desde Buenos Aires
Reciente tragedia en una casa tomada del barrio de La Boca lleva a indagar sobre el alcance de esta problemática y la situación habitacional de los ciudadanos afectados, muchos de ellos migrantes peruanos.
Miles de niños argentinos, hijos de peruanos, viven en "Casas tomadas"
César Carbajal
La tragedia ocurrida el sábado pasado, cuando seis niños murieron tras un incendio en una ´casa tomada´ en La Boca, enciende nuevamente la atención sobre este fenómeno que aqueja desde hace varios años a Buenos Aires y que si bien tuvo su apogeo en los `90, no ha perdido vigencia.

Según la Legislatura porteña -a través de la Comisión de Vivienda- se asegura que hay casi 200 mil personas que viven actualmente en ‘casas tomadas’, mientras el gobierno -a través de su Secretaría de Desarrollo Social- aclara que en realidad son 100 mil las personas que viven en este tipo de edificios.

Lo cierto es que más allá de estas cifras, la capital argentina vive una crisis habitacional que motiva a miles de personas a vivir no sólo en ‘casas tomadas’ sino en villas (asentamientos humanos) que se extienden por distintos puntos de la ciudad y sus alrededores.

Las cifras, que horrorizan cualquier estadística, nos inducen a pensar que la situación es cada vez más grave, y no sólo como consecuencia del incremento de la población sino del excesivo aumento de los alquileres, lo que exige que miles de personas tengan que vivir en lugares menos seguros.


Los habitantes de estas casas no tienen una sola nacionalidad, como lo demuestra el incendio en La Boca, ya que allí vivían familias argentinas y uruguayas, y en donde un descuido significó el desmembramiento casi total de una familia. Pero, ¿cómo se elige una casa para ‘tomarla’?, ¿existen organizaciones que se dedican a usurpar propiedades?

Buscando edificios vacíos

Los futuros usurpadores van averiguando sobre las posibles casas abandonadas que existan y la manera de ingresar de forma no legal. Cuando identifican un acceso, de inmediato avisan a varias familias que se instalen instantáneamente, dividiendo el edificio en distintas habitaciones. La ocupación se produce normalmente de madrugada.

Existen organizaciones que se dedican a esta actividad y que, incluso, cuentan con abogados disponibles para evitar el desalojo. Esta modalidad fue más común a mediados de los `90 y persiste -aunque escasamente-, en algunos barrios de la ciudad, sin importar si son céntricos o no.

Uno de los edificios que pudimos investigar es el ocupado sobre la avenida Corrientes, a pocos metros de la calle Junín, en el barrio de Once, en donde 20 familias, la mayoría peruanas, viven hace más de 7 años. El edificio abandonado perteneció a un banco y se encontraba en buen estado cuando lo ‘tomaron’.

Walter, un huanuqueño con 12 años de residencia en Buenos Aires explica que “primero hay 3 o 4 personas que buscan casas o edificios vacíos, cuando encuentran alguno lo toman y se quedan viviendo allí por una semana, si no pasa nada, si los vecinos o la policía no llegan a molestar, llaman a sus familiares o conocidos para que lo habiten. Aquellos que `rompen candados` (los primeros en usurpar) son como los dueños y venden las habitaciones. Yo compré una por 2 mil pesos, llevo 5 años viviendo acá pero sé que en cualquier momento nos pueden desalojar ya que estamos en juicio”.

Sin embargo, el tiempo que una familia pueda vivir vivir en una ‘casa tomada’, si bien implica evitar pagar un alquiler mensual, es incierto, dependiendo del avance del proceso judicial; “uno nunca sabe cuánto tiempo puede quedarse en una ´casa tomada´, puedes estar un mes o varios años, depende de muchas cosas. Eso sí, una vez que compras tu habitación, tú si quieres puedes alquilarla o vendérsela a otra persona. Es cierto que muchas `casas tomadas` no tienen agua ni luz pero siempre hay alguien en el grupo que sabe de esas cosas y conseguimos todo con conexiones (clandestinas). Pero el problema es que muchas veces uno no sabe con quién va a convivir, te puede tocar cualquier persona y un día puedes regresar a tu habitación y no encontrar nada”, afirma Walter.

Los edificios preferidos para tomar son los negocios abandonados o los bancos, ya que es poco probable que los dueños tomen acciones inmediatas debido a que muchas veces se enteran tarde de la usurpación. En cambio, cuando son casas, los ocupadores prefieren tomar precaución y aumentar los “días de prueba”, quedándose a vivir por más tiempo para después llamar a más personas.


Una vez que toman un edificio, se hacen divisiones en los interiores y se proveen de los servicios básicos (luz, agua y gas) si es que estos no existen, “muchas veces se prefieren los bancos abandonados porque tienen hasta aire acondicionado, además no hay muchos vecinos en los alrededores”, dice Walter. La vida en una ´casa tomada´ depende de los vecinos que vivan allí; la convivencia puede ser similar a la de un hotel o convertirse en bastante ruidosa durante la noche, sobre todo los fines de semana.

“Una vez viví en una ´casa tomada´ en La Boca, todos las noches eran un calvario para mi. Muchos de los vecinos no trabajaban y en las noches se dedicaban a tomar hasta muy tarde, además el ruido era insoportable. Pero uno no puede hacer mucho, no se puede quejar a la policía porque uno también está cometiendo un delito”, reflexiona Walter.

Debido a que muchas veces estas “mudanzas transitorias” incluyen a familias enteras, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires reubica en la mayoría de los casos a las familias en otros hoteles por un tiempo determinado, o les pagan para que encuentren un nuevo lugar en dónde vivir. “Conozco de gente que recibió 15 mil pesos para dejar la ‘casa tomada’, tengo una prima que recibió 20 mil porque es madre soltera con dos niños”, dice Walter.

Instituciones argentinas vinculadas

Artemio vive hace 9 años en el país y es uno de los líderes de un sector de la colectividad peruana que participa en una organización social argentina. Durante 3 años vivió en un conocido edificio en la avenida Córdoba al 3300.

“A raíz de la crisis de 2001 yo viví en una ‘casa tomada’. Éramos 130 familias que vivíamos en una clínica que estaba en quiebra, era un edificio de 5 pisos. Uno se entera de la existencia de una ´casa tomada´ por amistades. Me acerqué y vi que recién estaban empezando, hay gente que se dedica a eso, que abren y venden. Poco a poco íbamos viendo cómo tener los servicios básicos ya que no por ser tomado íbamos a descuidar ciertos servicios”.

Las comodidades que pueden haber también dependen de la economía de cada familia, ya que “vivir en una ´casa tomada´ es casi lo mismo que vivir en un hotel, inclusive había quienes podían comprar dos y hasta tres habitaciones y las dividían en dormitorios, sala y cocina. Se vive mejor que en un hotel”, dice Artemio.


Convivir con 130 familias hizo necesaria y urgente la organización entre sus miembros, por esa razón “nos fuimos organizando para una buena convivencia. Si bien era una ‘casa tomada’, nosotros pagábamos los servicios eléctricos, luego comenzamos los trámites para tener cierto apoyo del Gobierno de la Ciudad para hacer una fumigación, ya que como era una clínica teníamos miedo de algún virus”, recuerda Artemio.

“Luego de un tiempo se acercaban muchas organizaciones sociales argentinas para darnos charlas, pero nuestra intención no era vincularnos a algún partido sino buscar alguna ayuda. Entre las organizaciones que llegaban analizábamos a cuál podríamos integrarnos. Cuando tuvimos la sentencia de desalojo nos unimos a la Asambleas del Pueblo, allí comenzamos a ver la parte legal y hacer algunos trámites con el Gobierno de la Ciudad, gracias al respaldo de esta organización”.

“Allí tomé más experiencia ya que fui el delegado general de la ‘casa tomada’. Visitamos la Legislatura y empezamos a trabajar con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, siempre apoyados por la Asamblea. Trabajamos en la Comisión de Vivienda y pudimos ayudar para que muchos peruanos accedan a créditos para viviendas, logrando que 25 familias tengan su casa propia. Luego hicimos el desalojo consensuado con el Gobierno de la Ciudad, aunque ellos pagaron 20 mil pesos por familia. Luego de eso participé más activamente de la Asambleas del Pueblo y llegué a ser parte de la Directiva. Imagínate que casi el 50% de esta organización eran peruanos, estamos hablando de 200 compatriotas. La mayoría vivía en ‘casas tomadas’ y la Asamblea tenía esa política de poder ayudar a la gente más necesitada. Hoy en día la Asamblea del Pueblo es un partido político y sigue creciendo”.

Solución a una gran problemática
Vivir en una ‘casa tomada’ no es una elección que muchas personas quisieran tomar, sino una obligación ante la escasez habitacional y la crisis económica que impide alquilar una casa o un departamento. La primera problemática enunciada es menos difícil de resolver que la segunda.

Desde hace más de una década, Buenos Aires dejó de crecer intensamente hacia arriba -a través de la construcción de edificios- y comenzó a ensancharse, inventando barrios en donde antes sólo había terrenos baldíos. Estas “cuasi-ciudades”, construidas de la nada, se asemejan en mucho a las formaciones habitacionales que surgieran en Lima durante los años ´60, cuando millones de provincianos llegaron a la capital peruana en busca de mejores condiciones de vida.

Los asentamientos humanos fueron verdaderos dolores de cabeza para los gobiernos de turno y para los limeños de los barrios tradicionales, que veían cómo los campos verdes que bordeaban la ciudad se transformaban en suburbios ambulantes en cuestión de pocos meses. Los cerros también fueron una opción para una enorme cantidad de pobladores que querían estar más cerca del centro de la ciudad.

Ningún gobierno quiso hacerse cargo del problema hasta que, por propia iniciativa de los nuevos pobladores, se empezaron a edificar los asentamientos humanos creando carreteras, veredas, promoviendo la electrificación y exigiendo a las autoridades que se los incluya en el mapa de Lima. La presión electoral fue de tal magnitud que en los años siguientes la capital peruana vería multiplicar sus distritos y así lograr la legalidad tan ansiada.


Las actuales villas miserias presentes en la Ciudad Buenos Aires, que no siempre se condicen con los deseos e intereses de la población general, pueden transformarse vertiginosamente si las propias autoridades aceptan su existencia y comienzan a urbanizarlas con la instalación de escuelas, comisarías y demás instituciones necesarias.

Negar el problema y esperar a que otros se hagan cargo de la situación no es más que patear el tablero aguardando a que alguien más lo solucione. Cuando aceptemos que la crisis económica/política/social de nuestra sociedad puede variar si asumimos la problemática e implementamos soluciones consensuadas, que no incentiven la corrupción sino el trabajo, tal vez podamos pensar que un mundo mejor es posible.
Publicado: 08|02|2009
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