|
 
Los niños juegan. Además adquieren habilidades para el trabajo doméstico o asalariado
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Mujeres obreras. Durante las jornadas de corte las mujeres laboran a la par de sus maridos
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Pequeñas manos en la obra. Un joven migrante corta ladrillos
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Bajo el sol del verano. En este trabajo las condiciones climáticas inciden sustancialmente
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Apilando en el horno. El trabajador cobra un porcentaje sobre el ladrillo producido y comercializado
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
La quema. Un grupo de trabajadores controla el proceso de quemado
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Recuerdo. Obreros posan junto a compañeros y el producto de su trabajo
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Moldeando el barro. La evolución de mercado ladrillero está asociada al de la construcción
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
  volver recomendar imprimir  
Crónicas Migratorias
Ensayo fotográfico. Migración, trabajo e identidad en dos localidades pampeanas
Bolivianos en la Ruta de los Inmigrantes
Por Orlando Gabriel Morales | Desde La Plata, Argentina
Una mirada antropológica y social de los cortaderos de ladrillo nos pone en contacto con una muestra singular del universo de las relaciones entre migración, trabajo e identidad en el contexto argentino actual.
Embarrado. Después del moldeado, un joven trabajador limpia las herramientas
Fotografía: Orlando Gabriel Morales
Primero, se oyen sonidos de pájaros que parecieran ser teros. Luego, se escuchan pasos que interpreto como mis pies pisando la tierra seca, polvorienta y tibia.
Estoy escuchando la grabación de audio realizada en febrero de 2008, durante mi visita al puesto de un primer contacto: Roberto Villalobos, integrante de una familia propietaria de un cortadero de ladrillos ubicado cerca de la localidad de Arata.

En ese momento Roberto no se encontraba en el campo, había viajado a la ciudad de General Pico. Pero sí estaba su hermano, quien se mostró dispuesto a contarme de qué se trata el trabajo en los hornos de ladrillos, tal como algunos denominan a los que otros llaman “cortaderos”.

Me interesaba conocer qué hacen allí esos trabajadores bolivianos sobre los que algunos pampeanos comentan que: “hacen dedo en la ruta”, “trabajan en el campo”, “son trabajadores y humildes”, “viven en la miseria”. Por ese motivo visité en forma diaria durante una semana los distintos establecimientos instalados a la vera de la ruta provincial nº 4 (Ruta de los Inmigrantes) correspondientes a las familias Far Fan (a 5km de la localidad de Trenel), Francisco Mamani, Villalobos, Campos y Mauricio Mamani (a 10 km de la localidad de Arata).



- Ayer en la mañana estaban moldeando el barro. Ahora [el ladrillo] ya está bastante seco y lo están estibando. Cuando está seco se lo va acarreando al horno, en carretilla. Después sigue el quemado.
- ¿Le llaman estibar cuando ponen el ladrillo a secar?
- Sí, apilado se llama.
- ¿Y éstos que están envueltos en nylon?
- Es por la lluvia, porque si se mojan se vuelven a convertir en barro.
- ¿Tienen que estar bien secos para ser introducidos al horno?
- Sí
- ¿Me dijeron que a la tierra la sacan del monte?
- Si la traemos de allá. Vamos volteando plantas y la sacamos.
- ¿Primero hay que deforestar?
- Sí
- ¿A eso quien lo hace?
- Lo tendría que hacer el dueño del campo, pero…
- ¿Ustedes alquilan el campo?
- Sí. Nosotros deforestamos y sacamos la tierra, luego se lo descontamos del alquiler al dueño del campo. Cargamos la tierra y la traemos acá, con el tractor la aramos y luego le echamos agua. Después se mezcla con una máquina, agregando viruta y aserrín. Para hacer el barro se tarda unas seis horas.
- ¿Al desmonte también lo hacen estos trabajadores?
- No, lo único que ellos hacen es el moldeado, meterlo al horno y quemar. Armar el ladrillo y cocinarlo.
- ¿Por qué la mayoría son migrantes bolivianos?
- Porque a esto un argentino no te lo hace. Mi papá empezó con esto y ya ha trabajado con argentinos, pero el resultado no es bueno. Porque quieren hacer poco y ganar mucho, y acá ganas por lo que haces [se trabaja a porcentaje, la ganancia depende de la cantidad de ladrillos producidos y vendidos]
- ¿Cómo saben ellos de la existencia de trabajo aquí?
- Acá casi todos han venido por algún pariente. Vienen directamente y trabajan.
- ¿De qué región provienen?
- [La mayoría] de Chuquisaca y Potosí



La mayoría de los trabajadores en la producción de ladrillos son jóvenes. Los datos sobre la población de extranjeros de entre 15 y 29 años radicados en la provincia de La Pampa contabilizan 338 varones y 347 mujeres. Para ambos sexos y franja etaria representa aproximadamente el 1 por ciento de la población nacida en el país (Anuario Estadístico de la Provincia de La Pampa, 2007).

Los trabajadores viven en casas provistas por sus empleadores en el lugar de trabajo. Las condiciones de habitabilidad de éstas son deficitarias. En muchos casos no cuentan con servicios públicos y conviven varias personas en espacios reducidos.
En cada uno de los cortaderos visitados laboran entre seis y ocho empleados hombres, aunque la mano de obra se multiplica cuando participan las mujeres.

Al momento del corte de ladrillos las mujeres realizan trabajos de fuerza a la par de los hombres. Su participación está asociada a un mayor rendimiento en la producción, lo que significa mayores ingresos para la familia. Cuando se hace una pausa en el trabajo, al mediodía o al anochecer, las mujeres retoman sus tareas en el hogar.
La organización de los horarios de trabajo varía según las disposiciones del propietario. Pero para todos los ladrilleros las jornadas son extensas y tanto el comienzo como el final están asociados a la presencia de luz natural.

Los hornos están instalados en zonas rurales. Para comprar mercancías los trabajadores y su familia deben recurrir a los centros urbanos más cercanos. Lo hacen caminando, en bicicleta o a partir de favores de terceros con transporte automotor.
Para la concurrencia de los niños a la escuela la municipalidad de Trenel dispone de transporte; y en el caso de Arata hay una escuela rural ubicada en cercanías de los establecimientos ladrilleros.

Los hijos de los trabajadores migrantes temporarios deben afrontar las consecuencias educativas de una inserción inestable en el sistema escolar. Además, en tanto las pedagogías apuntan a su asimilación y no a su integración se constituyen en un obstáculo para el aprendizaje.



“A ellos les cuesta mucho adaptarse a nuestras formas, a la dinámica de las actividades [que proponen los docentes]. Es muy diferente la pedagogía argentina con la boliviana. Hay formas de adaptación que implementamos nosotras, [desde el Ministerio de Educación] no hay nada programado. Tuvimos que hacerlo porque teníamos a los chicos durante dos o tres años en el mismo grado. Pero cuando llegan a 4º o 5º grado ya están adaptados.

Hablan castellano, aunque mezclan algunas palabras con el idioma de ellos. Comúnmente el Papá habla bien el castellano, la Mamá no, entonces si tenemos algún problema es conveniente que venga el Papá, porque sino no nos entendemos.
La relación con los otros chicos no es buena. Con los argentinos que vienen de otras localidades sí, pero con los que conviven acá no. Es como que se tienen un poco de odio, bronca. Es por el mercado laboral…

[Aquí el trabajo docente] como experiencia es muy rica, porque uno ve cosas que otra escuela no te brinda. Pero hay una falta de identidad total, con la institución y con el medio. Porque, más allá de que es nuestra profesión, uno no se siente valorado, no hay una recompensa afectiva. Los niños sí valoran lo que uno hace por ellos, pero la familia no. Es muy claro que se usa la migración laboralmente. Porque cuando les pedimos [a los niños] que traigan dibujada la bandera nos pintan la bandera de Bolivia, es más, no nos cantan el himno, te da impotencia…” (Extracto de una conversación mantenida con las maestras de la Escuela Nº 36, Arata, La Pampa).



Conservo horas de grabación, el aparato estuvo siempre encendido. Se oyen una diversidad de cantos de pájaros, sonidos de campo, risas, pasos, conversaciones entre voces con tonadas que seguramente ahora estarán sonando muy lejos, a los lados de la Ruta de los Inmigrantes y más al norte y más al sur todavía.
Publicado: 28|07|2009
  subir recomendar imprimir  
(i) Con algunas de las fotografías obtenidas en aquella oportunidad presenté en el mes de diciembre pasado una muestra fotográfica compuesta denominada “Migrantes limítrofes e intercontinentales en Argentina. Bolivianos en el cortadero y africanos del oro 14” -expuesta en el Centro Cultural Pasaje Dardo Rocha, de la ciudad de La Plata, declarada de Interés Cultural por el Concejo Deliberante de esta ciudad-.

morales@otrosenred.com.ar
© 2007 Caberta&Rosa Studio
Acerca de este sitio web
www.caberta.com